La industria de Benetússer a principios del siglo XX

18/06/2013

Noticias, Opinión

A comienzos del  siglo XX el crecimiento continuo, tanto industrial como de población, de la ciudad de Valencia supuso para Benetússer un importante factor de desarrollo debido a la cercanía de este gran mercado, con el que se encontraba bien comunicado. La proximidad de la capital y su ubicación en medio de las fértiles tierras de la huerta favoreció que las industrias que se desarrollaron en Benetússer en las primeras décadas del siglo estuvieran dentro del sector agroalimentario, así como industrias auxiliares de éste.

La Carretera Real de Madrid, corredor industrial y de transporte que facilitaba la conexión de la ciudad de Valencia con los municipios de su entorno y con la capital de España, se convirtió en el eje a lo largo del cual se ubicaron empresas como Construcciones Devís, el molino de Arrocerías Jardín (que se encontraba en lo que hoy es el edificio Iturbi) e Hilaturas Navarro y Cabredo (entre lo que hoy son la calles marqués de Bellet y Joaquín Navarro).

El corredor se fue ampliando a partir de los años 40 y 50 del siglo XX con más industrias como el molino de Vicente Belenguer (contiguo a Construcciones Devís[1]) los talleres y almacenes de Hierros Miguel Mateu y la fábrica de Cervezas El Turia, todas estas industrias, todavía en el término municipal de Valencia.

Destilería Pons

El desarrollo industrial de Benetússer se vio favorecido por dos circunstancias concretas.
En primer lugar, la pequeña extensión del término municipal, con tan solo 0’76km² de superficie, que obligó a muchos vecinos a dedicarse a actividades económicas diferentes a la  tradicional actividad agrícola. Sin embargo, como ya apuntara Cavanilles en el siglo XVIII, la falta de terreno cultivable en el propio término no fue un obstáculo insalvable para el trabajo agrícola, puesto que los vecinos de Benetússer encontraron la solución en el cultivo de tierras de los municipios vecinos[2], una situación que en la década de 1970 aún se mantenía, puesto que los vecinos de Benetússer poseían 103 hectáreas de tierra en Catarroja, 12 en Paiporta, 5 en Picanya, 84 en Aldaia y 34 en Manises[3].

Las buenas comunicaciones del municipio constituyeron el segundo factor que favoreció el desarrollo industrial de Benetússer. Por una parte se encontraba la Carretera Real de Madrid, cordón umbilical que tradicionalmente había unido Valencia con las comarcas de l’Horta Sud, la Ribera y la Costera, papel que se vio reforzado con la llegada del ferrocarril en 1852[4], que discurría en paralelo al antiguo camino, y complementado en 1890 por un tranvía de tracción animal  y desde el año 1900 sustituido por otro de tracción eléctrica.

Como apunta Vicente Navarro Soler el impulsor de la industria en Benetússer fue Ramón Benedito Gregori, quien fundó en 1894 una fábrica de licores[5]. Su fama en la fabricación de anisados, licores y jarabes le permitiría obtener el privilegio de mostrar en sus etiquetas el título de “proveedor de la Real Casa”. Entre sus productos destacamos, por la fama que alcanzaron en su tiempo, el Licor Higiénico Benedito, la Nuez de Kola estomacal, el Anís Murciélago y el Ron Jamaica La Española.

Destilería Pons

Destilería Pons

También tempranamente se instaló en Benetússer la destilería “El Lorito” fundada por Fulgencio Paluzié y adquirida a principios del siglo XX por los Hermanos Carbonell, quienes diversificaron la producción con licores de anís, cremas, jarabes y aguardientes de caña (ron). Ambas fábricas de licores fueron las industrias que representaron a Benetússer en la Exposición Regional de 1909 (la destilería “El Lorito” concretamente en la sala 12 de la planta baja del Palacio de Industria).

La industria local favorecida tras la participación en la Exposición Regional de 1909 de estos industriales, dio lugar a la inauguración en 1910 del Casino Industrial y Recreativo, donde se reunían y cerraban negocios los industriales del pueblo. Las décadas de los años diez y veinte fueron decisivas para la configuración de un tejido industrial que, como comentábamos anteriormente, se especializó en el sector agroalimentario y que se vio favorecido, como otras industrias valencianas, por el incremento de la demanda en los años de la Primera Guerra Mundial[6].

En 1927, año en el que Vicente Navarro Soler publicó su Topografía médica de Benetússer, dedicó un apartado de la obra a la industria local, contabilizando 43 industrias y 8 almacenes dedicados al comercio, la mayoría localizados en el Camino Real de Madrid, actualmente conocido como Avinguda del Camí Nou. De las industrias detalladas por Navarro Soler despuntaban en número las industrias dedicadas a la destilería y comercialización de alcohol así como las industrias del sector del mueble. A pesar de que estos dos sectores fuesen los más numerosos, por estas fechas la estructura industrial de Benetússer mostraba una evidente diversificación, con industrias dedicadas a la producción de curtidos, loza, ladrillos, botones y boquillas, pieles, correas, elaboración de arroces, almacenes y comercios al por mayor y al por menor.

Frigorífico La Plata

Frigorífico La Plata

Dentro del sector agroalimentario encontramos nueve industrias dedicadas a la producción de licores: las fábricas de Ramón Benedito, José Baixauli, Cristóbal Pons, Arturo Navarro, Genaro Gimeno, José Muñoz, Pedro Muñoz Esteban, la fábrica de gaseosas y cerveza de José Gómez, y la ya citada destilería “El Lorito” de los Hermanos Carbonell. Había, así mismo, tres  industrias dedicadas a los productos cárnicos (el frigorífico “La Plata”, el criadero de cerdos de Vicente Montañés y la “Catalana Industrial”) y tres molinos de arroz (el de Francisco Raga, el de Cristóbal Perpiñá y Arrocerías de San José y de La Torre de Salvador Belloch).
Un molino de cacahuete y otro dedicado a la elaboración de cacahuete mondado de José Oliver Vicent (negocio que se dedicaba también a la exportación de alubias, cacahuete en cáscara, arroces y harinas, chufas, trigo y otros granos y cereales); se podía encontrar también una fábrica de concentrados que producía mostos y azúcar de higos y pasas, la fábrica y refinería de aceites vegetales de Francisco Sabater Ortega y, por último, “La Torrefactora Valenciana” dedicada al tostado del café y a la molienda de especies.

La industria de la madera y el mueble estaba presente con siete empresas: las fábricas de muebles de Blas Alapont, Leandro Sospedra, Roca y Compañía, Vicente Quilis y Compañía, “La Florida”, el taller de ebanistería de Bernardo Salvador y una serrería mecánica. Dentro del sector de la construcción encontramos dos fábricas dedicadas a producción de baldosas hidráulicas, la fábrica de ladrillos de Bautista Company y el taller de cerrajería de Arturo Soler.

Además de los dos sectores mayoritarios, había también industrias vinculadas a la producción agroalimentaria, como la de ácido tartárico que poseía Ernesto Turégano, el almacén de guanos y abonos de la sociedad Catalá y Muñoz y un taller de aparatos agrícolas.

El panorama se completaba con la fábrica de peines de Pascual Serrador, la de jabones Paege y Compañía, así como los comercios de Martínez Roger (comestibles), Juan Bautista Chiva (tejidos), Gamón (ultramarinos, droguería, artículos para caza, especias para embutidos, tripas para embutidos y jabones) y “La Comercial de drogas y colorantes” (almacén de materias procedentes de la India, Marsella, París y otras ciudades extranjeras y de España; depositaria exclusiva de Electro Metalúrgica del Astillero S.A., dedicada a la fabricación de carburos y de la Compañía Industrial Española S.A., dedicada a fabricar ácido arsénico; además era sede de la agencia  regional de la Sociedad Ibérica de los aparatos “Mogondeaux” y “Prest-O-Life” para automoción).

En 1929[7] se inscribió en el Registro Mercantil la primera empresa dedicada a la construcción y reparación de maquinaria, dato que evidenciaba la diversificación que estaba experimentado la industria de Benetússer y una especialización en industrias auxiliares como la fábrica de Falcó Hermanos, que contaba con tres talleres: uno especializado en el curtido de pieles para la fabricación de correas, guarniciones y correajes para el ejército; otro de correas de cuero para maquinaria y otro de correas de pelo de camello y mangueras. La fábrica de pellejos y botas para vinos y aceites de la viuda de García, otra para revestir garrafas y otra de lacres y fundas para botellas completaban este sector.
Junto a ellas existía un taller dedicado a la calderería y otro a la construcción y reparación de carros así como almacenes: uno de hierros y chapas, de Benito Grau, otro de maderas y otro de carbones minerales y vegetales.

Eco de este pasado industrial, en Benetússer todavía se conserva un importante patrimonio que es su memoria viva, pero que ve peligrar su supervivencia debido a la escasa atención que le han prestado las autoridades locales. Entre estas construcciones encontramos varios almacenes localizados en la Avinguda del Camí Nou y en la carretera de Paiporta, especialmente el molino arrocero de Raga, hoy centro cultural, y el molino de San José, que dio lugar a Arrocerías Belloch S.A., que conserva toda la maquinaria original, y que es bien recordado por haber sido la antigua sede de la fábrica MEIVEL, creada en 1935 y dedicada a la producción de chocolates, dulces y turrones.

Molino  Meivel Benetusser

Molino San José Meivel Benetússer

Siguen en pie las fábricas de licores de Cristóbal Pons en Camí Nou y la de José Baixauli en el carrer Constitució, que conserva íntegramente las instalaciones originales, pero en actual estado de abandono. El frigorífico “La Plata”, en el Camí Nou, está muy modificado, y las oficinas de la fábrica de jabones Paege & Compañía, en el carrer Major, han sido rehabilitadas por el Ayuntamiento como sala de exposiciones temporales. Por último, las chimeneas de la fábrica de ladrillos de Bautista Company, la del molino de San José y la de Paege y Compañía también se conservan y son un testimonio visible de la pujanza industrial del Benetússer de principios del siglo XX[8].

José Luis García Martínez,
Historiador del Arte especialista en Gestión Cultural e Investigador Local.



[1] En 1947 surge MACOSA, de la fusión de Construcciones Devís y la empresa catalana “La Material”
[2] Cavanilles, A.J. “Observaciones sobre el Reyno de Valencia” T.I, pag.161.
[3] Burriel de Orueta, E. L., La huerta de Valencia, Zona Sur. Estudio de geografía agraria, Valencia, 1971, pág. 421.
[4]La estación de Alfafar-Benetússer fue inaugurada en 1852, aunque el trazado de la línea no fue completado hasta la década de 1870. En cualquier caso, el papel dinamizador que el ferrocarril tuvo para la economía valenciana durante este período está fuera de toda duda (véase Hernández Sempere, T. M., Ferrocarriles y capitalismo en el País Valenciano, 1843-1879, Valencia, 1983)
[5] Navarro Soler, Vicente, Topografía médica de Benetússer, Valencia, 1927.
[6] Instituto de Reformas Sociales, Informe de los Inspectores del Trabajo sobre la influencia de la guerra europea en las industrias españolas, 1917-1918, ed. Imprenta Minuesa, Madrid, 1919, pag.69. A excepción de la naranja y las industrias auxiliares a ésta, el 90% de la producción de las cuales se dedicaba a la exportación y que, siendo consideradas un producto de lujo durante la guerra, cayeron drásticamente.
[7] Los datos referentes al Registro Mercantil los hemos obtenido de las “Memorias Comerciales” publicadas por la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación de Valencia.
[8] Martínez Serrano, J.A., Soler Marco, V. Una aproximación a la historia de la industrialización de Benetúser (1874-1975), Benetússer, 1978.
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